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Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Olatz Landa.

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18 de octubre de 2021

Con motivo del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, charlamos con nuestra compañera Olatz Landa, Responsable de Proyectos en la Fundación Derandein, para conocer de primera mano más detalles sobre el trabajo que desarrollamos en África.

– El 17 de octubre se celebra el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza ¿Qué significado tiene este día?

Este día nos recuerda que alrededor de 1.300 millones de personas en el mundo viven en pobreza multidimensional. Carecen de acceso a derechos básicos como son la alimentación, el agua potable o la educación. La pobreza no es solo una cuestión económica. Hablamos de un fenómeno multidimensional que requiere comprender sus causas y consecuencias, particularmente en un mundo globalizado e interconectado, donde nuestra forma de consumir, producir y vivir tiene consecuencias no solo en nuestro entorno más cercano sino también en otros lugares del mundo.

La pobreza no es sino la consecuencia de violaciones de derechos humanos internacionalmente reconocidos. En palabras de la ex Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos, Louise Arbour, “la denegación de los derechos humanos forma parte de la definición misma de la condición de pobre”. Por tanto, reducirla y erradicarla es una obligación que tenemos todas las sociedades.

Se trata de personas a quienes se les deniega su dignidad e igualdad. Este año, en particular, el tema de la conmemoración de este Día gira en torno a la importancia de la dignidad, de la solidaridad y del escuchar a las personas más desfavorecidas. Darles voz es clave, es un derecho que debemos reconocer y asegurar para visibilizar las problemáticas existentes y cómo les afectan.

– La pobreza, sin duda, es uno los problemas más graves que África tiene. Desde VASCO y Derandein, intentamos poner solución al problema y mitigar los efectos de la pobreza entre la población. ¿De qué forma tratamos de combatirla?

La misión de nuestra fundación es mejorar las condiciones de vida de las personas y territorios más desfavorecidos en África Subsahariana. Para ello, colaboramos con organizaciones locales africanas, que son quienes identifican los proyectos a desarrollar en sus contextos locales. Ellos y ellas son quienes mejor conocen su realidad, los desafíos a los que se deben hacer frente, las oportunidades de colaboración y de establecer alianzas. Así como las mejores estrategias para trabajar de manera colaborativa, desde la corresponsabilidad.

Fortalecer las capacidades de las organizaciones y comunidades locales para que puedan reclamar sus derechos y ser protagonistas de su propio desarrollo es, sin duda, una de las estrategias necesarias en la lucha contra la pobreza.

Los proyectos que apoyamos tienen como base la realización de derechos humanos básicos, desde alguna de sus dimensiones, como puede ser la disposición de equipamientos necesarios y profesorado capacitado, y bien pagado, en los centros educativos; el desarrollo de contenidos formativos adaptados al contexto local y los asuntos emergentes; o el acceso a una atención sanitaria de calidad y asequible.

Se trata de poner a las personas que se encuentran en situación de pobreza en el centro de cada proceso y ello requiere despertar su conciencia acerca de sus derechos. Empoderarlas reforzando sus capacidades y su confianza para que puedan exigir y afianzar esos derechos.

– ¿En la actualidad sobre qué zonas de África estamos trabajando?

Actualmente estamos trabajando en 4 países: Kenia, Etiopía, Tanzania y República Democrática del Congo.

En cada uno de estos países estamos concentrando las intervenciones en aquellas regiones o áreas más desfavorecidas, como es el caso de Turkana Norte en Kenia. Una zona de difícil acceso que está considerada como Zona árida y semi árida; motivo por el cual, las sequías son el principal obstáculo para el desarrollo de la zona.

En Etiopía estamos trabajando en la región de Tigray que, actualmente, está viviendo un conflicto armado que ha supuesto muertes, violaciones y el desplazamiento de miles de personas. Además de la destrucción y el saqueo de infraestructuras básicas.

Hablamos en algunos casos de entornos remotos donde no existen servicios básicos como centros de salud o dispensarios públicos, escuelas o puntos de agua en kilómetros a la redonda. Contextos donde no existen programas que brinden algún tipo de protección a colectivos altamente vulnerables como son los niños y niñas de la calle.

Y también hablamos de estados frágiles, como es el caso de la República Democrática del Congo, envuelta en un largo conflicto armado y sumida en una profunda crisis social y económica que ha derivado hacia patrones desconocidos de violencia, pobreza y exclusión.

– ¿Cuáles son los principales ámbitos sobre los que estamos actuando?

Intervenimos en ámbitos como la educación, la alimentación, el agua y la salud. Derechos básicos que han sido internacionalmente reconocidos y que visualizamos como nuestra plataforma de trabajo y como referente obligado de mínimos necesario para que la justicia entendida como justicia social sea una realidad.

No cabe duda de que podrían ser muchos los ámbitos en los que se podrían trabajar, más si cabe en África. Pero son éstos los ámbitos de actuación en los que Derandein ha desarrollado mayor experiencia y conocimiento a lo largo de estos años.

Estos ámbitos quedan además recogidos en marcos de desarrollo global como la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible que plantea unos objetivos y metas concretas de consecución para las que trabajamos. Estos son Hambre y Seguridad alimentaria (ODS 2), Salud y bienestar (ODS 3), Educación de calidad (ODS 4), y Agua limpia y saneamiento (ODS 6).

– ¿Cómo contribuimos a desarrollar los proyectos en los que estamos trabajando?

Todos los proyectos que apoyamos son desarrollados por organizaciones locales africanas, quienes, partiendo de un análisis del contexto, formulan proyectos de desarrollo que buscan asegurar el acceso y la realización de derechos básicos. Estas organizaciones son conocedoras de la idiosincrasia del país, su cultura, lenguas y costumbres.

Nuestro objetivo es acompañarlas y brindarles los pocos recursos que podamos ofrecer, para que sean ellas y ellos, los protagonistas de su propio desarrollo. En todos estos años hemos tenido ocasión de poder ver y conocer de primera mano el trabajo que llevan a cabo estas organizaciones. Realizamos visitas a los proyectos para constatar la situación y comprobar los resultados que se obtienen de sus proyectos, a la vez que conversamos con diversos interlocutores locales.

Hemos de decir que el trabajo que realizan estas organizaciones es loable. Con los pocos recursos existentes logran grandes impactos como: que las comunidades locales, con costumbres y tradiciones tan enraizadas, asuman como propias actividades productivas sostenibles que nunca antes habían desarrollado, gestionadas con estructuras de gobernanza igualitaria; o que las administraciones locales comprometan recursos para la mejora de la calidad de los servicios e infraestructuras básicas, como es una escuela en Kenia.

Explícanos con detalle, ¿cuáles son los últimos proyectos que hemos puesto en marcha?

Actualmente, hay varios proyectos en activo que estamos apoyando. En Etiopía, dada la situación de conflicto que se vive en la región de Tigray, sin acceso a servicios básicos ni comunicación alguna, estamos brindando ayuda humanitaria, trabajando para asegurar el acceso a viviendas y la alimentación y salud de las personas mayores (uno de los colectivos más vulnerables y olvidados en estas situaciones).

En Kenia estamos trabajando en la seguridad alimentaria, principalmente, a través de un proyecto que introduce nuevas actividades productivas como es la apicultura, en una zona desértica de difícil acceso al norte del país, en Turkana Norte. En esta región hemos estado facilitando también, en los últimos años, el acceso al agua, a través de la perforación de pozos que posibilitan no solo obtener agua potable, sino desarrollar prácticas agrícolas y mantener el ganado.

En Tanzania nuestra labor se está centrando en la puesta en marcha de una huerta escolar que posibilitará, no solo incorporar nuevos alimentos en la dieta que se brinda a niños y niñas de la calle que son atendidas por la contraparte local, sino, además, brindar la oportunidad de desarrollar nuevas habilidades y conocimientos sobre salud nutricional, el cuidado de su salud, y del medio ambiente.

En la República Democrática del Congo, apoyamos el acceso a la educación infantil, primaria y secundaria en uno de los barrios más desfavorecidos de Kinshasa. Así, más de 500 niños y niñas asisten a la escuela. Este año, hemos asegurado también el acceso a ordenadores.

El mundo digital con todas sus ventajas no llega a todos y todas por igual. Los países en los que los niños, niñas y adolescentes tienen menos acceso se encuentran precisamente en el continente africano. En el caso particular de la RDC, el acceso a Internet según el informe “Digital 2020 Report, Hootsuite et We Are Social”, es del 19%. No existen datos oficiales relativos al acceso a ordenadores e Internet en las escuelas, pero fuentes no oficiales señalan que se trataría de tan solo un 6% de las escuelas de todo el país, lo cual sitúa a los niños, niñas y jóvenes en una posición de gran desventaja y desigualdad en un mundo digitalizado.

– Los colectivos más vulnerables con los que trabajamos son principalmente: la infancia y la juventud, las mujeres, las personas desplazadas y refugiadas, y las personas mayores. ¿Qué proyectos relacionados, por ejemplo, con la infancia y la mujer estamos llevando a cabo?

En relación a la infancia, por ejemplo, en Tanzania trabajamos con niños y niñas de la calle. El 44.4% de la población en Tanzania es menor de 15 años, por lo que suponen una parte significativa de la población. Desde comienzos de los años 90, el país ha sido testigo de un continuo incremento en el número de niños y niñas que viven y trabajan en la calle. Éstos corren un mayor riesgo de ser víctimas de actos de violencia que pueden acarrear problemas de salud emocional, física y reproductiva o carencias nutricionales, habitacionales y educativas.

Son, con diferencia, los que más abusos y violaciones sufren. Si bien existen algunas organizaciones sociales de base que trabajan con niños y niñas huérfanas en el área de intervención donde trabajamos, en Karatu, ninguna de ellas trabaja específicamente con niñas y niños de la calle y en riesgo de abandono del hogar. La falta de recursos y respuesta comunitaria, exigen por tanto priorizar a este colectivo por su alta vulnerabilidad y abandono.

En Kenia, por ejemplo, la comunidad Turkana es un grupo patrilineal, en el que las mujeres ocupan un lugar marginal en la toma de decisiones. Sin embargo, son las mujeres las que están adoptando un papel activo en el desarrollo local de las comunidades, formando parte de las decisiones que se adoptan en el marco de los proyectos productivos que apoyamos.

Como mujeres turkana, responsables de las duras tareas de supervivencia, son las más conscientes de que la falta de educación básica les impide tener otras alternativas de vida, a parte de la tradicional dependencia de los animales. Y son ellas mismas quienes reclaman la realización del derecho a una educación de calidad para sus hijos e hijas.

 

– Además de los proyectos de colaboración con entidades locales africanas, nuestra fundación lleva a cabo otro tipo de trabajo entre la población vasca ¿Qué actividades estamos realizando para difundir la realidad de estos países africanos?

Además de la cooperación para el desarrollo y la ayuda humanitaria, informamos y sensibilizamos sobre las desigualdades y la defensa de los derechos humanos en nuestro ámbito más local. Pensamos que sólo a través del entendimiento y del análisis crítico de las causas y consecuencias de la pobreza y las desigualdades en que viven las poblaciones en África Subsahariana será posible construir sociedades favorables a la transformación social.

Colaboramos en diferentes plataformas en el desarrollo de acciones de ámbito local, como es el caso de la Campaña Mundial por la Educación. Se trata de una coalición internacional que nace en el año 2000 formada por ONGs, sindicatos del entorno educativo, centros escolares y movimientos sociales que nos movilizamos para reclamar el cumplimiento íntegro de los compromisos internacionales firmados por los Estados, para garantizar el acceso a una educación de calidad para todas las personas del mundo.

En Euskadi, trabajamos con centros educativos, Facultades de Educación, grupos de tiempo libre y otras entidades del territorio vasco. Así mismo, venimos celebrando desde el año 2005 actos centrales de movilización y reivindicación en diversas ciudades y pueblos de Euskadi, como Bilbao, Gasteiz, Donostia, Eibar, Santurtzi y Arrasate.

Además, somos parte del Grupo Pro-África, un consorcio de organizaciones de Euskadi y Navarra con presencia en África que nace en el año 2005 con el fin de mejorar el conocimiento sobre África en nuestro entorno, tanto dentro de sus miembros como en la sociedad y las instituciones vascas. Participamos en distintos espacios con diferentes administraciones (Diputaciones, Ayuntamientos y la Agencia Vasca de Cooperación para el Desarrollo) para generar incidencia sobre la necesidad de instrumentos y estrategias acordes a la realidad de África Subsahariana.

Por otro lado, en Derandein Fundazioa hemos realizado diversas exposiciones a lo largo de estos años sobre cuestiones como las mujeres en África y la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030. Además, damos charlas sobre África en centros educativos dentro del programa Hirikide de Bolunta, una entidad que promueve el voluntariado y la participación social en Bizkaia.

Y desde el año 2017, venimos organizando cada año la Derandein Astea en Amorebieta-Etxano. En este evento, se organizan durante una semana diversas actividades como talleres y exposiciones. El objetivo de esa semana es, por un lado, devolver a la ciudadanía de Amorebieta-Etxano su compromiso y voluntad para con el desarrollo de los pueblos más desfavorecidos de África Subsahariana; y, por otro lado, presentar al pueblo zornotzarra información sobre la realidad en África y la labor de Derandein Fundazioa en la región.

La semana se cierra con la Mendi Martxa, cuyo recorrido pasa por el barrio de donde procede el nombre de la fundación, por el barrio Derandein, donde algunos miembros del Patronato tienen raíces maternas. Para la organización de este evento, contamos con el patrocinio y la colaboración de numerosas entidades locales. Desafortunadamente, la pandemia COVID-19 no nos ha permitido realizar alguna de estas actividades en los últimos casi 2 años dadas las restricciones. Pero volveremos con ellas.

– ¿De qué manera colaboramos desde VASCO con la fundación?

La colaboración de VASCO no se limita únicamente a la aportación económica que destina cada año, sino que además colaboráis con otros recursos como la oficina, los equipamientos y el voluntariado corporativo. Muchas de las personas empleadas de VASCO aportáis tiempo de trabajo al desarrollo de funciones administrativas, informáticas, y otras áreas.

Esta colaboración viene dada desde la consideración de que todas las personas y agentes, públicos y privados, podemos contribuir a construir sociedades más justas, sostenibles e inclusivas. No hay duda de que cada vez más empresas son partícipes en la contribución de los objetivos de desarrollo sostenible que se recogen en la Agenda 2030.

Cuando iniciamos nuestra andadura en 2007 en Etiopía, Tanzania y Kenia, afrontamos un escenario novedoso tomando consciencia de una realidad muy diferente a la nuestra. La fundación quiso aportar su granito de arena apoyando a organizaciones locales africanas en su objetivo de mejorar las condiciones de vida de las personas y colectivos que no tenían acceso a cuestiones tan básicas como la educación o la alimentación.

El recorrido y camino andado, desde entonces, no ha sido fácil. Ha supuesto un importante aprendizaje que nos ha servido para constatar aún más la necesidad de continuar con nuestra labor. Son muchas las personas y entidades públicas y privadas que han confiado en nuestra fundación durante estos años y en el buen hacer de las organizaciones con las que colaboramos en el terreno. A todas ellas queremos agradecer su apoyo y esperamos poder continuar juntas en el camino.

Gracias a la aportación que recibimos de VASCO, que posibilita cubrir otros gastos generales de la fundación como son los gastos de personal, infraestructura, comunicación y captación de fondos, el 100% de las ayudas y donaciones que obtenemos van destinadas a los proyectos que apoyamos en el terreno, costes directos e indirectos de cada proyecto.

– ¿Cómo se puede colaborar con nuestra fundación?

La colaboración puede venir por diferentes vías. Puede ser una donación puntual o hacerse socio o socia, tanto si eres particular como si eres empresa. Si además quieres ser agente de cambio más proactivo, puedes colaborar como voluntario o voluntaria, y aportar tus conocimientos, habilidades, recursos o tiempo.

– ¿Qué nuevos proyectos tenemos en mente de cara a futuro?

Llevamos ya un tiempo asistiendo a profundas transformaciones que afectan a todas las esferas, públicas y privadas, en un marco global y local fuertemente interconectado. Una realidad compleja, con un futuro difícilmente predecible y vulnerable a imprevistos, como hemos vivido recientemente con la COVID-19.

Esta realidad pone de manifiesto las deficiencias, aunque también las fortalezas de los actuales sistemas públicos en muchos países, pero ante todo visibiliza los retos que afrontan las personas, colectivos y territorios más vulnerables, particularmente en África.

La defensa de los derechos humanos y, en consecuencia, el deber de solidaridad, representan una gran tarea en este contexto. No sólo para los actores públicos, como principales garantes de derechos y libertades fundamentales, sino también para otros actores que debemos asumir nuestra corresponsabilidad en este escenario. Y un claro ejemplo, es el cambio climático que estamos viviendo.

Seguiremos trabajando para reforzar aquellos valores que sustentan los cimientos de una sociedad en el que todas las personas y colectivos ven realizados sus derechos más básicos, como son la educación, la salud, la alimentación y el acceso al agua.

Y en el marco de estas intervenciones queremos trabajar en la introducción de aspectos transversales urgentes en sus procesos como es el cambio climático, sumando a nuevos aliados que tengan interés en generar impactos positivos en este sentido. A todos ellos les animamos a que nos contacten para conocer más sobre Derandein y explorar posibles alianzas y colaboraciones que podamos establecer desde una corresponsabilidad solidaria.

Olatz Landa
Responsable de Proyectos Fundación Derandein